jueves, 19 de julio de 2018

Voz

Intento sonar lo más cortés que puedo pero al parecer es una actitud que no resulta muy eficaz cuando lo que necesito hacer es dar órdenes.
Me han dicho muchísimas veces que yo soy quien ordena y me tienen que hacer caso pero no logro tomar esa actitud de fuerza como para ser realmente escuchada.
Me he quedado pensando que toda la vida ha sido así. Yo intento negociar, llegar a puntos medios, cedo espacio... Y al final aunque hablé mucho nadie me escucha. Y me quedo igual, sin respuestas, sin nada.
Al parecer no tengo voz. Desaparezco cuando hablo.
Me veo horrible. Tengo unas ojeras terribles y una palidez extraña. Me veo hinchada. Físicamente adolorida de todos lados. Estar en un hospital requiere mucho esfuerzo físico. Sigue gustandome trabajar pero mi cuerpo no aguanta mucho. Eventualmente me acostumbraré, como todos, supongo. Espero adaptarme rápido. Ya no tengo tanto miedo, creo que al menos ya intento disfrutarlo más. El tiempo aquí pasa demasiado rápido y eso lo hace más fácil. Tengo la sensación de que pronto abriré los ojos y ya todo se habrá acabado.

miércoles, 11 de julio de 2018

En serio que es pesado. Atendí un parto u a varios bebés y todo el tiempo tuve miedo de hacer algo que les dejara secuelas. Sé que debo cambiar mi actitud, a final de cuentas tengo que aprender y esta es la única forma pero eso no quita que sienta el corazón en la boca cada que llega el momento de atenderles. Siento que no tengo las capacidades suficientes ni los conocimientos para ser médico pero necesito desarrollarlos. Me encanta estar en el hospital, al menos eso sí, pero no significa nada si no soy buena.
Llevo meses convenciendome de que no vivo para hacer feliz a los demás pero sigo intentándolo. Y me amarga un poco ver que no puedo tener a nadie contento. Ni a mi familia ni a mi pareja ni a mis jefes ni compañeros. Me siento un fracaso a donde quiera que vaya. Pero que más me queda, tengo que seguir andando. De alguna manera siento que he tirado la toalla, ya me rendí en todo aspecto de mi vida pero sigo caminando, a algún lugar tengo que llegar.

jueves, 5 de julio de 2018

Precio

Han pasado dos semanas. Ha sido mucho trabajo y aún es raro para mí que alguien se refiera a mí como "doctora". Aunque me hace sentir un poco mal cuando los pacientes no lo hacen... Suelen llamarme niña o muchacha. Y pedir que el doctor los revise.
A ratos me afecta el ver a gente tan pobre con la necesidad de tanto material para su cirugía y me duele el estómago cuando veo la cara que ponen al hablarles de precios. Cuando me firman un consentimiento para quirófano siento miedo de decirles todos los riesgos que conlleva. Me entra una paranoia terrible pensando en las acciones mías que puedan hacer sufrir a mi paciente. Y me siento mal por no saber más, por estar cansada, por no aprender más rápido. Pero llegaré a ello. Todos llegan. Al final saldré de aquí más flaca y con más conocimientos, más no se puede pedir. Es precioso. No puedo decir que no. Me da demasiada satisfacción y miedo a la vez.
Por otro lado estoy yo y mis cosas. Han pasado dos semanas, difíciles, demasiado. Al parecer el precio que debo pagar siempre implica dolor físico para mí. Pago en sangre cada error. Y estoy cansada. Cansada de desear tanto. De perder cosas que no quiero perder. De equivocarme tanto. Ahora solo pienso en sí en algunos años ya no tendré el peso de mis errores encima, en sí lograré olvidar.

sábado, 26 de mayo de 2018

Caídas ficticias

Me refiero a caídas pero de esas en las que solo sientes que caes sin que sea real... Sueños? Algo así.
Cuando pasa, cuando tenemos la sensación de caída buscamos aferrarnos a algo. Actualmente siento que caigo y tengo la certeza de que no tengo nada de que sostenerme y me dejó caer tranquilamente, con esa sensación fea pero sin preocuparme.
Sé que en un mes más o menos mi vida será diferente. Haré todo lo que esté en mis manos, lucharé porque sea mejor. Probablemente me he equivocado mucho y he repetido errores que no quería repetir pero ya está, solo queda seguir intentando volver al camino que siempre he querido seguir. Al menos me da gusto ver cómo ya no me dejó morir aunque frecuentemente me siento a punto del llanto y demasiado sola.  Supongo que he asumido que todo pasara, que siempre mejora.
Pero aún así, todavía siento el peso de la soledad y de las decisiones mal tomadas. Quiero ser diferente y lo seré. Y hasta en cierto grado me alegro de estar sola. Volveré a incluirme al mundo y tal vez me topé con gente con quién pueda mostrarme como lo que quiero ser.
La soledad tiene sabor. Tal vez hasta la extrañe cuando se vaya.

martes, 24 de abril de 2018

Cuando mi madre se embarazó de mi, la corrieron de su casa. Se fue a vivir con su tía que fue más madre para ella que mi verdadera abuela. Una de sus primas, hija de esta tía abuela que es la persona más amorosa y buena sobre la tierra, tuvo a una niña a los pocos meses de nacer yo. Creo que hasta biberones compartíamos. La niña tuvo la mala suerte de heredaras enfermedades renales de mi familia y murió hoy.
A ella la dejaron vivir cuántas cosas quiso, porque siempre supieron que no la tendrían tanto tiempo, pero no es como que en 24 años puedas vivir mucho de lo que se deba vivir. Y ya no está.
Creo que mi madre se ha quedado con un agujerito mas en el corazón. Mi tía siente que se muere. Y bueno, ella ya no está. Sé que deseaba morir, ella ya estaba cansada. Pero se me hace un poco difícil de imaginar que en serio ha muerto. Que a mi tía, de las pocas personas con bondad en la familia le llueve sobre mojado, no hace mucho uno de sus hijos perdió a su esposa dejándola al cuidado de sus cinco hijos. Están endeudados hasta el copete por la enfermedad de mi prima... Y ahora será lidiar con más dolor por lo mismo. Por ausencia.
Es feo recordar que la vida puede ser así de oscura.
Es peor ver sufrir a la gente que quieres sabiendo que nada que puedas decir o hacer arreglará nada.
La ausencia tiene peso. Y es para siempre.

La idea era escribirles mientras no se nos olvida que es ser joven y estupido.
Por mi parte, tengo que decirles que no deben tener miedo de podrirse en soledad. Que solos podrán con cualquier cosa, que de lo que si deben tener miedo es a vivir esperando: cariño, atención... Vivir esperando una mala noticia. Que cuando sientes en el pecho que algo va mal es porque has notado que algo está mal.
Que recuerden que todo termina. Que no hay cosa mala que no tenga final.
Que hablen, que griten, que nunca nadie ni nada haga que se guarden lo que necesita sacar. Que las palabras que no se dicen queman.
Que exijan respeto. Que respeten a todos.
Que rían mucho, que siempre busquen algo por lo cual reír. Que siempre que conozcan a alguien su principal objetivo sea buscar algo bueno en esa persona.
Que se levanten todas las mañanas pensando en al menos una sola cosa pequeñita que les haría felices hacer.
Que disfruten, que huelan, coman, vean cosas bonitas. Que se llenen todo de color porque a veces todo se pondrá gris y necesitaran recordar que el mundo puede ser bonito.
Que al final del día, simplemente se relajen. Si algo está mal, lo arreglaran.
Que lean. Devoren todo lo que caiga en sus manos. Aprendan todo lo que se pueda, el conocimiento nunca sobra.
Bailén, canten, hagan música.
Abrazen, besen. Toquen despacio. Sientan latidos. Acaricien cabellos, aspiren a quien abrazan... pero sientan todo lo que se pueda a cualquier persona que quieran. Digan "te amo", "te quiero" todas las veces que se pueda.
Escriban. Abran ventanitas para que la gente pueda conocerlos, por que a veces otra gente vera cosas que ellos no y siempre es bueno verte desde otro ángulo.
Vivan con el único objetivo de ser felices.

viernes, 16 de febrero de 2018

Como si algo faltara en mis manos, como si necesitara sujetar algo que no sé que es, algo que se va de mi. Hormigueos en el cuello y ganas de... hablar. De reclamar, de gritar, de golpear, de aplastarme las manos con algo para dejar de sentirlas. 
Al final, sigo con las manos vacías y con las palabras atascadas en una parte de mi cerebro de la cual no podrán salir.